La última mesa del último bar en el que aún se puede fumar, incluso inundar todo de humo.
El último rincón del planeta en el que nadie juzga al que se rellena el vaso.
El último reducto de gente en el que se agradece, con una sonrisa, una mirada extraviada al escote... o al paquete.
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—¡Nicanor! ¿Qué ha pasado? ¿Qué hacés escondido atrás de la
barra? ¿Cómo es que está todo patas para arriba? ¿Los han "atracado"?
¡Por Dios Santo! ¡Esto es increíble, hace un mes que no vengo y todo esto está destruido, hecho pelota!
—¡Vayase! ¡Corra, es peligroso, está allí
escondido, bajo aquella mesa!
Un movimiento rápido, dos disparos, un
quejido de dolor y luego pasos que se alejaban de Nicanor en direcciones
contrarias; unos hacia la puerta y otros alejándose de ésta. Luego silencio de
muerte. El bandido quiso revancha, rematar al charlatán. Al llegar a la barra,
ya no había nadie, como si esos segundos y el reducido espacio se hubieran
confabulado para hacer desaparecer, de forma singular, al pobre tabernero.
—Volveré, y será peor —dijo y escupió el
suelo delante de sus pies, después se marchó, mirando al salir hacia los dos
lados de la calle, como queriendo llegar hasta el horizonte en busca del que
había venido a matar.
Cierto es que la poesía erótica existe desde que existe la poesía.
(...)A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.(...)
San Juan de la Cruz (1542-1591) "La Noche Oscura"
De hecho la literatura erótica (pornográfica me atrevería a decir) existe desde que existe la literatura: ¿Qué estrenaba El Lazarillo de Tormes cuándo estrenaba zapatos? ¿Dónde tenía el alfiletero la Lozana Andaluza? Por no hablar del Arcipreste de Hita y su "Libro del buen Amor" que en nada tiene que envidiar al mismo Kamasutra. Todo está en la intención con la que quiera el lector leer.
"TÍA.- Sobrina, esto que vos tenéis y lo que sabéis será dote para vos, y vuestra hermosura hallará ajuar cosido y zurcido, que no os tiene Dios olvidada, que aquel mercader que vino aquí ayer me dijo que, cuando torne, que va a Cádiz, me dará remedio para que vos seáis casada y honrada, mas querría él que supieses labrar.
LOZANA.- Señora tía, yo aquí traigo el alfiletero, mas ni tengo aguja ni alfiler, que dedal no faltaría para apretar, y por eso, señora tía, si vos queréis, yo le hablaré antes que se parta, porque no pierda mi ventura, siendo huérfana."
Francisco Delicado "La Lozana Andaluza" (1528)
Acuerdo con usted, amigo H, que si hay que traer en la mesa el tema, que es tema desde que hay temas, no es mala otra ronda; pues si bien es cierto que cuando el tema se concreta en hechos los efluvios etílicos no son buenos compañeros, no es menos cierto que para la oratoria que despierta la imaginación no serán malos camaradas.
Brindemos pues por ello, y de paso también por aquello que es ello desde que existe algún aquel.
El de ella, y la de él. En una época en la que lo evidente ofende, de evidente que es, tratemos con palabras de mostrar apenas un poco más de lo que se muestra sin insinuar; de lo que saben unos ojos despistados, una mano descuidada, una inspiración apenas un segundo más larga, una espiración que no puede ocultar aquello que se oculta desde que algo se ocultó por primera vez. Y si al final logramos lo nuestro, que suene una vez más el Bolero; ¿o acaso tuvo Ravel otra finalidad al componerlo que dar excusa para eso que se encuentra en nuestro seso desde que tenemos seso?
Estaba leyendo, viendo un poco que escribir. Hay géneros de todo tipo,
concursos para todos los gustos. Me preguntaba yo, si sería capaz de relatar
cosas. Que si ficción, que si terror, que si lírica. Hasta que vi algo que me
dejó pasmado.
Poesía erótica.
Como digo, mis compañeros de juego. Don Nicanor otra ronda porque esto me ha
dado sed. Iba diciendo, me puse a buscar un poco, para informarme de que era
eso, para ver nomás... Y para mi sorpresa, no está mal el género ese. Es como,
no sé, esas fotos prohibidas que no nos dejaban ver cuando éramos chicos...
pero en versión cuento, mejor dicho, en versión poesía.
Miren que me gusta escribir, pero no se yo si sería bueno en eso. Es como
que me da un poco de cosita, ¿vio?
Entre tanto envite y tantos cerdos (los de grande, claro...), se me viene a la memoria la corta carrera de jugador de mus profesional de mi primo Pancracio. Maldito tick en un ojo que hacía a su compañero echar todas a juego. No le quedó más remedio que jugar con su viejo ordenador (un 486 de los caros) a un programa de ms2... cómo se llamaba... ah si: órdago. Era la única manera de que su compañero ciberchiripifláutico no le hiciera caso a su combulsionado ojo derecho. Cuando se presentó en el bar del pueblo para inscribirse en el torneo de mus con su ordenador como compañero, nadie podía dar crédito. Por falta de dinero, principalmente. Y además, nadie se lo podía creer.
Como bien decía nuestro compadre el Vizconde "Si la tienes grande conviene aparentar que la tuya es la más bien pequeña, para
evitar recelos en los envites." (SIC)
Por este principio universal que con tanta precisión nos ha relatado el señor Vizconde, le hago creer que él es el mejor jugador del mundo y yo el segundo. Para evitar recelos.
Teniendo el cuenta la hora, la nocturnidad y la alevosía, que más que inspirarme cual bohemio poeta o músico soñador, me aletarga como marmota narcoléptica y barbituricodilizada (no lo busquen, que no existe...), no me queda más que despedirme con una reverencia y queriendo con las de mi compañero.
Ansina que se trata de un juego de engaño, de parejas y de
contar. No cambia mucho del truco, con sus treinta y tantas, su envido y sus
señas. Como bien dice don Vizconde, la práctica es la que te aprehende. Y por
ende, estos patxaranes.
Vio don Nicanor como está el patio? Cuando veas el barrio
del parlamento del vecino quemar.. Si es que la chica no es grande y cuando se
juega sin cartas (y sin saber jugar) al final se acaba el truco… Ahijuna
canejo!
Yo por eso me siento con los dos mejores jugadores de mus,
para que no me pille el toro y sepa, cuando la cosa venga mala mala, dejar las
cartas a un lao. Gracias don Nicanor, ¡esta ronda a su salud! Mire que es buen
pulpero usted, sabe como tener a la clientela contenta, pero no abuse de las
invitaciones, que un día de estos no nos quedará otra que ser invitados, guárdese
una ronda para entonces. Espero que no llegue pronto esa triste despedida.
Me ha gustado ese signo de que me quede calladito. Tenés razón
Nicanor, te vi’á tutiar nomáh, que se me va a amargar el patxarán con tanta
boludez.
Uy, perdón, que despisto la partida. ¿Por donde íbamos? ¿Chica
han cantao? - a mi esto me va a terminar
viciando –
No creo yo que el juego del mus sea algo complejo de entender a cualquiera, y menos a alguien cabal como es de esperar de un pajuerano. Mire, básicamente, una vez repartidas las cartas y al menos uno de los cuatro conforme con su jugada, o con la de su compañero pues es éste un juego de equipo, todo gira entorno a cómo la tengas, la jugada.
Si la tienes grande conviene aparentar que la tuya es la más bien pequeña, para evitar recelos en los envites.
Si la tienes pequeña lo mejor es pasar tan desapercibido como puedas, así al menos evitar el escarnio.
En cuanto a los pares, si ligas cuatro es divertido, tres en el saco no está mal, uno en pareja viene siendo algo soso y desparejado no te queda otra que darte al juego.
Por último, en el juego; o el punto en caso de nadie alcance los treinta y uno; si no llegas te quedas fuera, y si vas a pasarte mejor hacerlo del todo y llegar a cuarenta.
Descuide en cualquier caso, ya que el movimiento se demuestra andando no va a ser por práctica. En esta mesa se sienta el Duque de Castro, del que me consta que es el segundo mejor jugador del mundo; ya habrá notado usted que el que le habla viene siendo el primero.
Gracias por sus rondas, amigo pajuerano, hágame un último favor y pídale a Nicanor tres patxaranes que estos van a mi cuenta y a veremos si así se nos suelta a los tres la húmeda y nos contamos algunas nuevas.
Salud. Y hablemos de grande que a pequeña no me acuerdo como se juega, ligamos pares y con los de mi compañero envido cinco, y si os atrevéis al juego me sacaré tres del solomillo.
Don Nicanor,
tenga usted. Pago mi caldo, otro más y lo que estén bebiendo los amigos aquí al
lao.
Pasmao me deja usted
don Vizconde, con los treses, los tres, cinco, los grandes, el mus y la madrencoche.
Disculparán ustedes mi desconocimiento, pero ese juego no lo tengo yo visto. A mí,
el truco, el envido, un treinta y tres de mano, un macho en vale cuatro.
Pasmao estoy,
porque pajuerano soy. Tengo que aprender mucho. Pero sabe lo que le digo, creo
que esta pulpería da para que me arriesgue y ansina lo haré. Si apriendo su
juego, menos pajuerano seré. Cosa buena y mala a la vez.
Don Nicanor,
ponga un aguardiente a esos dos de ahí, esos que juegan a las cartas. Y al que gane,
doble. Yo me viá’cercar nomáh, pa’ ver como si juega a eso.
¿Y de donde dijo
usted que viene ese juego?
Guarde las vueltas Nicanor, que la cosa viene brava
y le van a hacer falta las monedas…